La obra educativa en los centros urbanos
Elena de White y la ubicación de las escuelas adventistas en ambientes urbanos
Misión para las ciudades
“Como pueblo, necesitamos acelerar la obra en las ciudades, que ha sido obstaculizada por la falta de obreros, medios y espíritu de consagración. En este tiempo, el pueblo de Dios necesita volver el corazón plenamente a él, pues el fin de todas las cosas está cerca. Necesitan humillar sus mentes, y estar atentos a la voluntad del Señor, trabajando con fervoroso deseo, en aquello que Dios ha mostrado que debe ser hecho, a fin de amonestar a las ciudades con respecto a su ruina inminente” (Ev, 26).
“Repetidas veces se me ha indicado que presente a nuestras iglesias la obra que debería realizarse en las ciudades populosas. Debe efectuarse una gran obra, no solamente donde tenemos iglesias establecidas sino también en los lugares donde la verdad no ha sido presentada plenamente. […] Con frecuencia se nos ha dicho que nuestras ciudades deben escuchar el mensaje, pero somos sumamente lentos en obedecer esa instrucción. Vi a Uno que estaba en pie con los brazos extendidos en una plataforma elevada. Se volvió y señaló en todas direcciones diciendo: “Hay un mundo que perece en la ignorancia de la santa ley de Dios, y los adventistas del séptimo día están durmiendo” (Ev, 28).
“La carga de las necesidades de nuestras ciudades ha descansado tan pesadamente sobre mí que en ciertas oportunidades me he sentido morir. Quiera el Señor conceder sabiduría a nuestros hermanos para que sepan llevar a cabo la obra en armonía con la voluntad del Señor.” (Ev, 30).
“Debe trabajarse en las ciudades. Los millones que viven en estos centros congestionados han de oír el mensaje del tercer ángel. Esta obra debiera haberse desarrollado rápidamente durante los últimos pocos años” (Ev, 30).
“Ya hubo un comienzo por el cual alabamos a Dios. Centros de puestos avanzada se están estableciendo, donde como Enoc en el pasado, nuestros obreros pueden visitar las ciudades y realizar un servicio fiel. […] Mencioné la gran obra que debe ser echa en las ciudades de nuestra tierra y nuestra incapacidad de realizar
esa obra estableciendo instituciones en el corazón de esas ciudades” (The Review and Herald, 5 de julio de 1906, p. 7 – Traducción libre).
“No hay cambio en los mensajes que Dios ha enviado en el pasado. La obra en las ciudades es la obra esencial para este tiempo. Cuando se trabajen las ciudades como Dios desea, el resultado será la puesta en operación de un poderoso movimiento cual nunca se ha visto” (El Ministerio médico, 403).
“¡Ojalá pudiésemos ver las necesidades de esas ciudades como Dios las ve!” (9TI, 83).
Los jóvenes deben estar involucrados en alcanzar las ciudades
“Nadie puede lograr tanto en la lucha contra la intemperancia como la juventud temerosa de Dios. Los jóvenes de nuestras ciudades debieran en este tiempo unirse como un ejército, resueltos a oponerse firme y
decididamente a toda forma de complacencia egoísta y destructora de la salud. ¡Qué fuerza representarían
para el bien! ¡Cuántos podrían salvar de la degradación en los locales y jardines donde hay música y otros
atractivos que seducen a la juventud!” (La temperancia, p. 209).
Orientación para las instituciones
“Como en los días de Noé y Moisés, Dios determinó todos los detalles del arca y del santuario, así también en la construcción de las instituciones modernas, él vigila personalmente el trabajo que se realiza.
Acuérdense que el gran Arquitecto desea dirigir su obra por su Palabra, por su Espíritu y por su providencia. Por esto, deben tomarse el tiempo de solicitar sus consejos. […] Deben recordar que están levantando una institución por medio de la cual debe cumplirse con éxito una obra que tendrá consecuencias infinitas, y que al hacerla deben ser colaboradores de Dios. ‘Mirar a Jesús’, debe ser nuestro lema. Y ésta es la promesa que se nos hace: ‘Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: sobre ti fijaré mis ojos’. Salmos 32:8” (7TI, 93).
Un ideal para todas las escuelas
“El colegio no debiera estar ni dentro ni cerca de una ciudad, debido a que su lujo, sus placeres inicuos y sus costumbres y prácticas malvadas requerirán constante trabajo para contrarrestar la iniquidad reinante a fin de que no envenene la atmósfera misma respirada por los alumnos. Todos los colegios debieran situarse, mientras sea posible, donde la vista pueda contemplar las cosas de la naturaleza en vez de un grupo de casas” (Ed, 343).
“No debieran ahorrarse esfuerzos por seleccionar lugares para nuestros colegios donde la atmósfera moral sea tan sana como sea posible, porque las influencias prevalecientes dejarán una profunda impresión sobre los caracteres jóvenes en formación. Por este motivo una localidad retirada es la major. Las grandes ciudades, centros del comercio y del saber, pueden parecer como que presentan ciertas ventajas, pero estas ventajas quedan eclipsadas por otras consideraciones. […] La joventud educada en las grandes ciudades está rodeada de influencias similares a las que prevalecían antes del diluvio. Los mismos principios –el desprevio por Dios y su ley, el mismo amor por los placeres, por la gratificación egoísta, y el orgullo y la vanidad– están actuando en la actualidad. […] Al elegir localidades apartadas para nuestros colegios, no nos imaginamos ni por un momento que estamos colocando a los jóvenes fuera del alcance de la tentación. Satanás es un trabajador muy diligente, e incansable para diseñar maneras de corromper toda mente que esté abierta a sus sugerencias. Enfrenta a las familias y los individuos en su propio terreno, y adapta sus tentaciones a las inclinaciones y debilidades de ellos. Pero en las grandes ciudades su poder sobre las mentes es mayor, y sus lazos para capturar los pies desprevenidos son más numerosos. En relación con nuestros colegios debieran preveerse terrenos amplios. Hay algunos estudiantes que nunca aprendieron a economizar, y siempre gastaron cada centavo que pudieron conseguir. No se les debiera eliminar el acceso a una educación Debiera proporcionárseles empleo, y junto con el estudio de los libros debiera mezclarse una instrucción en hábitos laboriosos y frugales. Que aprendan a apreciar la necesidad de ayudarse a sí mismos.Debiera haber trabajo para todos los estudiantes, ya sea que puedan pagar sus estudios o no; las facultades físicas y mentales debieran recibir atención proporcional. Los estudiantes debieran aprender a cultivar la tierra, porque esto los pondrá en estrecho contacto con la naturaleza. Hay en la naturaleza una influencia refinadora, suyugante, que debiera tomarse en cuenta al seleccionar la ubicación de un colegio” (FEC, 465-468).
“Los padres deben comprender que la educación de sus hijos constituye una obra importante en la salvación de las almas. El campo ofrece oportunidad para una abundante ejercitación en la práctica de hacer lo que debe ser hecho y que proporcionará salud física mediante el desarrollo de los nervios y los músculos. “Fuera de las ciudades”, es mi mensaje para la educación de nuestros hijos” (2MS, 407).
“Insto a nuestros líderes a establecer nuestras escuelas lejos de las ciudades congestionadas y a colocar en
esas escuelas profesores fieles y consagrados que realicen la obra de Dios del comienzo al fin de toda la educación ministrada” (Carta 143, 1902 a Mary Foss – Traducción libre).
“Todavía se da esta instrucción: Salid de las ciudades. Estableced vuestros sanatorios, escuelas y oficinas
lejos de los centros de población” (2MS, 409).
Escuelas de enseñanza primaria en las ciudades
“En toda ciudad donde se proclama la verdad, deben fundarse iglesias. En algunas ciudades grandes debe
haber iglesias en varias partes de la ciudad” (MM, 410).
“Se debiera establecer escuelas en las localidades donde hay iglesias, aun en el caso de que no hubiera más que seis niños para concurrir a cada una de ellas” (CN, 289).
“Hasta donde sea posible, estas escuelas debieran establecerse fuera de las ciudades [para instruir a niños
afroamericanos]. Pero en las ciudades hay numerosos niños que no podrían asistir a instituciones educacionales que no funcionan dentro de sus límites; para beneficio de ellos, hay que establecer escuelas
en las ciudades tanto como en el campo” (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 161).
Escuelas de enseñanza secundaria en las ciudades
“Nos gustaría afirmar especialmente que se podría hacer mucho más para salvar y educar a los niños de aquellos que actualmente no se pueden apartar de las ciudades. Deben establecerse escuelas de iglesia en esas ciudades y, en conexión con esas escuelas, se debe hacer provisión para la enseñanza de estudios más
avanzados, donde se requieran. Esas escuelas pueden ser administradas de tal forma, uniendo las piezas, que se tornen un todo completo. El Señor tiene sus métodos y sus planes. Su sabiduría es amplia” (Carta 189, 1903 a Frederick Griggs, que estaba sirviendo como director de Educación de la Asociación General – TL).
Nota: El término “estudios nás avanzados” se refiere a la educación posterior a la enseñanza primaria, pero
no incluye la enseñanza terciaria, a cuyos alumnos Elena de White se refiere como jóvenes. Al comienzo de esa misma carta, Elena de White escribió: “No es el propósito de Dios que nuestros jóvenes sean llamados a Battle Creek. Llamarlos a ese lugar es asociarlos con personas mundanas de todas las clases, alta y baja, es como si Lot hubiera llevado su familia a Sodoma. El Señor dice: Es por el interés en nuestros jóvenes que sean educados en otro lugar que no sea Battle Creek. Declaró que su voluntad era que el Colegio de Battle Creek sea trasladado a un lugar rural” (Carta 189, 1903 a Frederick Griggs – Traducción Libre).
El lugar para centros educativos de jóvenes
“El Señor invita a nuestros jóvenes a ingresar en nuestras escuelas, y a prepararse rápidamente para servirle. Deben establecerse escuelas en diferentes lugares, fuera de las ciudades, donde nuestra juventud pueda recibir una educación que la prepare para la evangelización y la obra médica misionera” (9TI, 136).
“Nunca podrá darse la debida educación a los jóvenes en este país o en otro cualquiera, a menos que estén
separados por una larga distancia de las ciudades. Las costumbres y las prácticas propias de las ciudades inhabilitan la mente de los jóvenes para la entrada de la verdad. […] El beber licores, el fumar y jugar, las carreras de caballos, el ir al teatro, la gran importancia atribuida a los días de fiesta, todo ello es una especie de idolatría, un sacrificio sobre el altar de los ídolos. […] Si se situase nuestro colegio en una de esas ciudades o a pocos kilómetros de ella, habría en acción constante una influencia oponente a la cual hacer frente y vencer. […] todo esto es falsa educación. Encontraremos necesario establecer nuestros colegios fuera y distantes de las ciudades, si bien no tan lejos que no puedan estar en contacto con ellas, para hacerles bien y permitir que la luz resplandezca en medio de las tinieblas morales. […] Debiéramos escoger para nuestro colegio un sitio apartado de las ciudades, donde los ojos no tengan que descansar constantemente sobre las moradas de los hombres sino sobre las obras de Dios; donde los alumnos encuentren lugares que les interese visitar, más bien que lo que la ciudad ofrece. Colóquese a nuestros estudiantes donde la naturaleza hable a los sentidos y en su voz puedan oír la voz de Dios” (La educación
cristiana, p. 333, 342).
“Algunos podrán insistir en que nuestro colegio debe estar en la ciudad a fin de dar influencia a nuestra obra, y en que, si se halla en el campo, se pierde la influencia sobre las ciudades; pero éste no es necesariamente el caso. Los jóvenes que asisten por primera vez a nuestro colegio no están preparados para ejercer una influencia correcta en ninguna ciudad como luces que resplandezcan en medio de la oscuridad. No estarán preparados para reflejar la luz hasta que las tinieblas de su propia educación errónea se disipen. En lo futuro nuestro colegio no será lo mismo que ha sido en lo pasado. Entre los alumnos, ha habido hombres de sano juicio y de experiencia que han sacado provecho de la oportunidad de obtener más conocimiento para hacer una obra inteligente en la causa de Dios. Estos han sido una ayuda en el colegio, por cuanto han contribuido a su equilibrio; pero en lo futuro el colegio estará compuesto mayormente de alumnos cuyo carácter tiene que ser transformado, y a quienes habrá que dedicar mucho trabajo paciente; tendrán que desaprender y aprender de nuevo. Llevará tiempo el desarrollar el verdadero espíritu misionero, y cuanto más se los aleje de las ciudades y de las tentaciones que las inundan, tanto más fácil les será adquirir el verdadero conocimiento y desarrollar caracteres bien equilibrados” (La educación cristiana, 346, 347).
“Dios ha advertido una vez tras otra que nuestras escuelas, casas editoras y sanatorios deben establecerse fuera de la ciudad, donde pueda enseñarse a los jóvenes con la mayor eficacia posible qué es la verdad. Que nadie procure utilizar los Testimonios para respaldar el establecimiento de grandes intereses comerciales en las ciudades. No invalidéis la luz que ha sido dada acerca de este asunto” (2MS, 409).
Instituciones educativas para la preparación de obreros evangélicos
“El Señor nos ha indicado repetidamente que debemos trabajar en las ciudades desde puestos de avanzada
ubicados fuera de ellas. En esas ciudades debemos tener casas de culto, como monumentos de Dios, pero las instituciones destinadas a la publicación de la verdad, a la curación de los enfermos y a la preparación de los obreros deben establecerse fuera de las ciudades. Es especialmente importante que nuestra juventud sea protegida de las tentaciones de la vida en la ciudad” (Mensajes selectos, p. 411).
“Al acercarse el tiempo del fin, las ciudades serán cada vez más corruptas y cada vez más objetables como lugares para el establecimiento de centros de nuestra obra. Los peligros de los viajes aumentarán; abundarán la confusión y la embriaguez. Si pudieran encontrarse lugares en las regiones montañosas apartadas, donde sería difícil que entraran los males de las ciudades, que nuestro pueblo consiga esos lugares para nuestros sanatorios y escuelas avanzadas” (Manuscrito 85, 1908 – Traducción libre).
Escuelas de capacitación para evangelizar la ciudad
“Debe darse más importancia a la educación y preparación de misioneros con énfasis especial en la obra en las ciudades” (El ministerio médico, p. 400).
“En toda ciudad debiera existir una misión, que fuera una escuela de preparación para obreros” (El ministerio médico, p. 403).
“Después de un tiempo, a medida que avanza la obra, se establecerán escuelas en muchas ciudades, donde se prepare rápidamente a obreros para el servicio. Los estudiantes y sus maestros pueden salir con nuestras
publicaciones, y esparcir la verdad por medio de la página impresa. Se pueden obtener lugares deseables donde tener reuniones y a los cuales invitar al pueblo a reunirse. Que quienes están capacitados para la obra, jóvenes y de mediana edad, hagan su parte en forma desinteresada y generosa al trabajar en los campos que están listos para la siega en los cuales aún no se ha trabajado” (El ministerio médico, 429).
En el párrafo siguiente del manuscrito original se describe la naturaleza de estas escuelas de capacitación:
“Al acompañar el interés, después de la reunión campestre, se necesitan colaboradores en varias líneas y esas ocasiones deben ser como una escuela de capacitación para los obreros. Que los jóvenes trabajen asociados a obreros de experiencia para que oren con ellos y los instruyan con paciencia. Mujeres consagradas deben encargarse de la obra bíblica de casa en casa. Algunos de los obreros deben ser colportores, que vendan nuestra literatura ofreciéndola de manera sensata a los que no pueden comprarla” (Manuscrito 11, 1908).
“Es más fácil llevar a cabo una obra bien equilibrada en las ciudades cuando se da un curso bíblico para preparar obreros mientras se celebran reuniones públicas. Relacionados con este curso, escuela o misión urbana, debe haber obreros de experiencia, de profunda comprensión espiritual, que puedan dar a los obreros bíblicos instrucción diaria, y que puedan también unirse de todo corazón en el esfuerzo público general” (OE, 377).
“Los esposos Haskell han alquilado una casa en uno de los mejores barrios de la ciudad, y han reunido en torno de ellos a una familia de colaboradores, los que día a día salen a dar estudios bíblicos, a vender nuestras revistas y a llevar a cabo obra médica misionera. Durante la hora del culto, los obreros relatan sus experiencias. Los estudios bíblicos se dan regularmente en el hogar, y así los jóvenes y las señoritas relacionados con la misión reciben una instrucción práctica cabal en el arte de dar estudios bíblicos y de vender nuestras publicaciones. El Señor ha bendecido su trabajo, y como resultado una cantidad de personas ha abrazado la verdad y muchas otras están profundamente interesadas” (Ev, 84).
En el artículo original, continúa diciendo: “Así fueron capacitados los pescadores que abandonaron sus redes al llamado de Cristo. Un trabajo semejante debe ser hecho en muchas ciudades. Los jóvenes que van a trabajar a esas ciudades deben estar bajo la orientación de líderes experimentados y consagrados. Que los obreros reciban una buena casa donde puedan recibir instrucción completa” (The Review and Herald, 7 de setiembre de 1905 – Traducción libre).
Establecer instituciones educativas
“Las escuelas y los sanatorios deben establecerse en lugares donde no hay nada que represente la verdad. Los intereses no han de establecerse con el propósito de ganar dinero, sino de esparcir la verdad. Debe obtenerse terreno a distancia de las ciudades, donde se puedan levantar escuelas en las cuales la juventud pueda recibir una educación en agricultura y artes mecánicas” (8TI, 228).
“El sentimiento popular es que deben elegirse ciudades como lugares para nuestras escuelas. Pero Dios desea que dejemos la atmósfera contaminada por el pecado de las ciudades. Su propósito es que nuestras escuelas estén establecidas donde la atmósfera sea pura” (Manuscript Releases, v. 6, p. 408 – Traducción libre).
“En sus esfuerzos por economizar, nuestros hermanos deben tener cuidado de no restringir la inversión de recursos donde se necesite una prudente inversión. Al establecer escuelas y sanatorios, debe comprarse bastante tierra para poder ejecutar los planes que el Señor esbozó para estas instituciones. Debe proveerse terreno para poder cosechar frutas y legumbres, y, dondequiera que sea posible, debe obtenerse bastante propiedad para que otros no puedan erigir cerca de la institución edificios de carácter inconveniente” (Obreros evangélicos, p. 472).
“Debemos trabajar en armonía con el método de Dios. La obra que se hace para Dios en nuestras grandes ciudades no debe efectuarse según prescripciones humanas. […] Su obra en Nueva York ha comenzado en forma correcta. Ud. debe convertir a esta ciudad en un centro de la obra misionera, desde el cual el trabajo misionero pueda extenderse con todo éxito. El Señor desea que este centro sea una escuela para los obreros y no debe permitirse que nada interrumpa la obra. Después que la gente haya aceptado la verdad y haya tomado su posición, el Señor la preparará para que pueda recibir plenamente la verdad bíblica” […]
Necesitamos un sanatorio y una escuela en la vecindad de Nueva York, y cuanto más se demore en establecerlos, tanto más difícil se hará”. […] Convendría conseguir un lugar fuera de la ciudad donde nuestros obreros misioneros establezcan su hogar. […] ¿Pensáis que si yo hubiera dicho que Nueva York sería destruida por un maremoto, habría instado a comprar una propiedad distante sólo 60 millas de esa ciudad, como sitio de un sanatorio y como un lugar desde el cual podría trabajarse la ciudad de Nueva York?” (Ev, 282-284).
“En cuanto a la obra en Nashville, deseo hablar del trabajo de la escuela que los hermanos Sutherland y Magan están planeando realizar” (Review and Herald, 18 de agosto de 1904 – Traducción libre). “Me sorprendí cuando, al hablar de la obra que deseaban hacer en el sur, hablaron de establecer una escuela en algún lugar bien distante de Nashville. Por la luz que se me ha dado, sabía que no sería correcto hacer tal cosa, y se los dije. La obra que estos hermanos [E. A. Sutherland y P. T. Magan] pueden hacer, debido a la experiencia obtenida en Berrien Springs, debe llevarse a cabo dentro de un fácil acceso a Nashville, porque aún no se ha trabajado Nashville como se debería. Y para los obreros de la escuela será una gran bendición estar lo suficientemente cerca de Nashville como para tomar consejo de los obreros que estén allí” (EUD, 107).
“Al buscar un lugar para la escuela, los hermanos encontraron para la venta una granja de cuatrocientos acres, a unas nueve millas de Nashville. El tamaño de la granja, su ubicación, su distancia de Nashville, y la suma moderada por la cual se la podría comprar, parecían indicar que éste era el lugar preciso para la obra de la escuela. Aconsejamos que se comprara este lugar. Sabía que finalmente se necesitaría todo el terreno” (EUD, 108). Nota: Se compró la propiedad y allí se estableció el Madison College.
Trasladar instituciones educativas
“Se me ha dado luz especial con respecto a mudar nuestras casas editoras, sanatorios y colegios lejos de las ciudades a lugares más favorables para su obra, donde los que están relacionados con ellos no estarán expuestos a todas las tentaciones de la vida en la ciudad. Especialmente nuestros colegios debieran estar fuera de las ciudades. No es para el bien espiritual de los obreros en nuestras instituciones que estas estén ubicadas en las ciudades, donde las tentaciones del enemigo abundan a cada paso” (Fundamentos de la Educación Cristiana, 551).
“Dios desea que la escuela [Battle Creek College] se mude de Battle Creek. Algunos pueden estar agitados sobre el cambio de la escuela de Battle Creek, pero no deben estarlo. Ese cambio está de acuerdo con el designio de Dios para la escuela antes de que se estableciera, pero el hombre no podía ver la posibilidad hacerlo. Había muchos que decían que la escuela debería quedar en Battle Creek. Ahora decimos que debe ir a otro lugar. Lo mejor que se puede hacer es poner a disposición los edificios de la escuela aquí cuanto antes; comenzar inmediatamente y buscar un lugar donde la escuela pueda ser debidamente conducida. […]
Los que ahora son responsables del trabajo de la escuela aquí, están con el corazón en un propósito unido: cumplir lo que Dios designó así como lo que debe ser hecho. Emprendieron esa obra independientemente de la oposición y las contiendas. Esos hombres entienden la obra; aprendieron y planearon establecer escuelas industriales fuera de la ciudad, donde se pueden conseguir grandes áreas. Ellos pretenden ser reformadores heroicos, adoptar métodos sólidos e intelectuales. Sus pensamientos y planes maduraron y ahora están preparados para una acción decidida” (Panfleto 158 “Testimonies Relating to Emmanuel Missionary College and Its Work”, p. 2 – Traducción libre).
“La luz que me fue dada es que Battle Creek no ejerce la mejor influencia sobre los alumnos de nuestra escuela. El estado de las cosas está demasiado congestionado. La escuela, aunque represente un número menor de alumnos, debe cambiarse de Battle Creek. Busquen una propiedad grande y comiencen allí la obra que yo imploré que fuera iniciada antes de que nuestra escuela fuese establecida aquí, para salir de las ciudades a un lugar donde los estudiantes no vieran cosas para observar y criticar, donde ellos no vieran el curso equivocado de este y aquel, sino se decidieran por el estudio diligente” (General Conference Bulletin, 14 de abril de 1901 – Traducción libre).
“Me alegré cuando escuché que la escuela de Battle Creek debería ser establecida en un distrito agrícola. Sé que habrá menos tentación allí para los alumnos que en las ciudades que rápidamente están siendo como Sodoma y Gomorra, preparadas para la destrucción por el fuego. El sentimiento popular es que las ciudades deberían ser elegidas como el lugar para nuestras escuelas. Pero Dios desea que dejemos la atmósfera contaminada de las ciudades. Su propósito es que nuestras escuelas sean establecidas donde la atmósfera sea pura” (Manuscrito 67, 29 de julio de 1901 – Traducción libre).
Las escuelas denominacionales en los años de la terminación de la obra
“Dios me ha revelado que estamos en positivo peligro de impartir a nuestra obra educativa costumbres y modos que prevalecen en las escuelas del mundo. Si los maestros no son precavidos, colocarán sobre el cuello de sus alumnos yugos mundanos, en lugar del yugo de Cristo. El plan de las escuelas que hemos de establecer en estos años finales del mensaje debe ser de un orden completamente diferente del seguido en las que hemos instituido. Por esta razón, Dios nos ordena que establezcamos las escuelas fuera de las ciudades, donde, sin molestias ni estorbos, podamos llevar a cabo la educación de los alumnos de acuerdo con el solemne mensaje a nosotros confiado para el mundo. Una educación como ésta puede elaborarse mejor donde hay tierra que cultivar, y donde el ejercicio físico que hagan los alumnos sea de tal naturaleza que desempeñe un papel valioso en la edificación de su carácter, y los haga útiles en los campos a los cuales irán” (Consejos para los maestros, padres y alumnos, 518).
Condiciones para el éxito
“A medida que nuestra obra se ha extendido y se han multiplicado las instituciones, el propósito que Dios tuvo al establecerlas ha sido el mismo. No han cambiado las condiciones necesarias para que prosperasen”(6TI, 227).
“En lo que respecta a nosotros, lo mismo que al Israel de antaño, el éxito de la educación depende de la fidelidad con que se lleva a cabo el plan del Creador” (Es, 50).
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