Modelo curricular "Integral Restaurador"

Currículo integral.

White (1998) menciona que “el sistema de educación instituido al principio del mundo, debía ser un modelo para el hombre en todos los tiempos” p. 20.

Para entender el modelo educativo instituido por Dios al principio del mundo, debemos revisar el concepto de la integralidad del ser humano el cual tiene su base en el concepto holístico de la antropología bíblica. Como se mencionó en la cosmovisión bíblica,

el hombre ha sido creado conforme a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y, por lo tanto, el hombre y la mujer, reflejan esa imagen en sus dimensiones físicas, espirituales, mentales, y sociales. El relato de la creación agrega que Dios crea al hombre como un “ser viviente” (Génesis 2:7) en una realidad bio-psico-espiritual de una persona entera. Más aun, al colocar al hombre y la mujer en el jardín del Edén se descubren las dimensiones espirituales (Génesis 2:25), sociales (Génesis 2:24), físicas (Génesis 2:23), e intelectuales (Génesis 2:19).

En respuesta a la oración de Ana, ella concibe y da a luz a su hijo Samuel (1 Samuel 1:20). El registro bíblico indica que “el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres” (1 Samuel 2:26). “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová” (1 Samuel 3:19-20).

En el ejemplo de Samuel se puede también observar el crecimiento integral y restaurador en las dimensiones, físicas, espirituales, sociales, e intelectuales. El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Tesalónica amonesta a una santificación completa del ser. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 5:23). En el texto griego las palabras holoteleis y holokleron muestran la realidad de la persona entera con sus dimensiones espirituales, intelectuales y físicas. Finalmente, en la naturaleza humana de Jesús los evangelios registran el desarrollo de su persona considerando esas mismas dimensiones. Así, Lucas escribió: “Y Jesús crecía en estatura, en sabiduría y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). En este pasaje bíblico identificamos las dimensiones de la integralidad de Jesús: Estatura (Físico), Sabiduría (Mental), Gracia para con Dios (Espiritual) y Gracia para con los hombres (Social). El modelo de Jesús nos orienta para que la educación puede también promover esa integralidad.

White (1998) añade que “Cuando Adán Salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor” p. 15. Además, menciona que “La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero” p. 13. Vemos en estos pasajes que la integralidad del ser humano se estructura de manera íntegra en los ámbitos físico, mental, espiritual y social.

Por otro lado, tenemos la cita de White (1978) que dice que “Cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer. Los hombres en quienes se desarrolla esta facultad son los que llevan responsabilidades, los que dirigen empresas, los que influyen sobre el carácter. La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad” p. 17. Un Dios con infinita sabiduría y creatividad, crea seres humanos inferiores a sí mismo, pero con características que lo diferencian del resto de la creación y lo hace superior a ella: el pensamiento complejo y la aptitud espiritual (Krumm, 2015).

Concluimos de esta cita, uniéndolas con las anteriores que las dimensiones de desarrollo del ser humano consisten en el PENSAR, SER, HACER Y TRASCENDER y esto es la esencia del Modelo Educativo de Dios para el ser humano.

4.1.2. Currículo restaurador del ser humano.

“Por su desobediencia, Adán y Eva perdieron todo. El pecado mancilló y casi borró la semejanza divina. Las facultades físicas del hombre se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció. Quedó sujeto a la muerte” (White, 1998, p. 15). Génesis 3 es el capítulo con uno de los eventos más tristes que la historia humana haya escrito, pero es también en donde encontramos el primer anuncio de las buenas nuevas de salvación para la humanidad. Considerando que en el plan de Dios Cristo se ofrece como sacrificio expiatorio y sustitutorio en favor de la raza humana (Romanos 3:21-24; 2 Corintios 5:21), el fin último del ser humano apunta hacia algo que va más allá del acto salvador de Dios, apunta a la redención final de la persona (Romanos 8:23). El plan de salvación no termina con el sacrificio de Cristo, al contrario, con la muerte de Cristo, la salvación empieza. Luego vino su resurrección y más adelante será el retorno de Cristo en ocasión de su segunda venida y finalmente la restauración final de la tierra y del ser humano a su estado original.

“La obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente, y el alma a fin de que se llevase el propósito divino de su creación. Este es el objeto de la educación, el gran objeto de la vida” (White, 1998, p. 15 y 16).

Es en este contexto, que la educación adventista, desde la cosmovisión bíblica, cumple el papel de cooperar en el proceso de restauración de la imagen de Dios en el ser humano. El proceso educativo debe ser capaz de situar al ser humano no solo en su entorno social, económico y político; sino también en el ámbito espiritual. Es a partir de esta perspectiva, que el ser humano puede interpretar la realidad que le toca vivir. Esta realidad defectuosa, con serias deficiencias ético-morales, es explicada por la perspectiva bíblico-teológica. Esta explicación permite enfrentar la sociedad y, por medio del modelo educativo aquí propuesto, ubica el propósito último de la educación cristiana que es, la restauración de la imagen de Dios en el ser humano (2 Corintios 3:18).

4.1.3. Descripción del Modelo Integral Restaurador.

En síntesis, al comparar los conceptos de la cosmovisión bíblica, la antropología bíblica, y la filosofía de la educación cristiana de Ellen G White, encontramos los fundamentos para una descripción de un currículo integral restaurador. Así, los ejemplos de experiencias integradoras mencionadas anteriormente nos orientan para un modelo educativo integrador restaurador que incluye, además de las dimensiones físicas, mentales y sociales, la dimensión espiritual en todo el proceso educativo adventista.

En armonía con los conceptos previos se puede observar que el gran propósito de la educación adventista es la restauración de la imagen de Dios atreves de todo el proceso educativo donde la educación integral restauradora juega un papel fundamental para el desarrollo de las demás dimensiones de la persona teniendo como eje fundamental la restauración de la persona al plan original de Dios en la creación.

Como menciona White (1978), “la obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se llevara a cabo el propósito divino de su creación. Este es el objetivo de la educación, el gran propósito de la vida.” (p. 15:2). En tal sentido, la educación adventista al proponer un modelo integrador restaurador está siguiendo los fundamentos de la filosofía de la educación cristiana; y en consecuencia fijando las categorías indispensables para establecer un currículo en un contexto integrador restaurador.

Adicionalmente cuando se conjugan las ideas de la restauración de la persona a la imagen de Dios en el contexto bíblico y en los escritos de Ellen G White, coinciden con el blanco final de todo el proceso del modelo integrador restaurar que es la redención. Así White (1978) afirma “en el sentido más elevado, la obra de la educación y la de la redención, son una, pues tanto en la educación como en la redención, “nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”, “por cuando agradó al Padre que en él habitara toda plenitud.” (p. 29:1). Por medio de este fundamento es donde la redención se hace más evidente al expresar los evangelios el reino de Dios y la salvación de los perdidos para encontrar una reconciliación con Dios en el tiempo presente, que incide en un cambio de vida, y en una transformación por obra del Espíritu Santo; como así mismo, una futura restauración en el evento de la parusía. El mensaje de la restauración incluye una invitación fundamental hacia una conversión de aquellos que siguen el proceso integrador restaurador.

El concepto adicional a la restauración de la imagen de Dios esta coherentemente unida a la idea de la integralidad que representa la educación de todo el ser entero y en todas las dimensiones de la vida. En la antropología bíblica se hace referencia a la persona como un todo, una unidad bio-psico-espiritual como se expresó en los ejemplos del desarrollo humano de experiencias bíblicas, especialmente la de Jesús.

En tal sentido White (1978) enfatiza, que “la verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero.” (p. 13:1). Con una claridad profunda ella une los dos conceptos, esto es, de integralidad y la restauración sintetizando las dos ideas para la aplicación en la praxis de un currículo donde estudiantes, profesores demuestran estos conceptos con sus vidas y en una integración de fe y enseñanza.

Este modelo integrador restaurador, es el toque distintivo adventista y es a su vez característico de la educación adventista y que va más allá de otros modelos contemporáneos de educación.

4.2. Definiciones

4.2.1. Definición de Competencia para la Educación Adventista
En el contexto de la educación adventista, la competencia se define como la “capacidad de integrar conocimientos, habilidades, actitudes y valores en el marco de los principios bíblico-cristianos para resolver problemas y enfrentar situaciones en contextos profesionales, personales y espirituales”.

Este enfoque educativo promueve el desarrollo integral del ser humano, con el objetivo de que no solo "sepa" y "haga", sino que también "sea" y "trascienda", reflejando en su vida los valores cristianos.

4.2.2. Definición de Resultados de Aprendizaje
Los resultados de aprendizaje en la educación adventista son “enunciados acerca de lo que se espera que un estudiante debe saber, ser, hacer y trascender al finalizar una actividad de aprendizaje, asignatura, módulo, proyecto o programa de estudio, y que le permita desenvolverse integralmente en el contexto académico, profesional y en la vida diaria en el marco de los principios bíblico cristianos” (Modelo Educativo UPeU, 2021)

Los resultados de aprendizaje permiten medir si las competencias han sido alcanzadas de manera efectiva y si el proceso educativo ha logrado formar individuos íntegros, preparados tanto para la vida profesional como para la vida espiritual en este mundo y en la eternidad.

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